Sin pena ni gloria
Zapatero se las prometía muy felices cuando el pasado mes de enero recogió el testigo de la Presidencia rotatoria de la Unión Europea. Era una oportunidad irrepetible para que su figura ganase peso internacional y, sobre todo, para tomar oxígeno ante sus crecientes problemas internos. Sin duda confiaba en que la ocasión contribuiría a recuperar su deteriorada imagen pública y a sacarle del pozo de las encuestas negativas.
Nuestro “líder planetario” inició la Presidencia de turno lanzando algunas propuestas que rápidamente se vio obligado a rectificar. Pura improvisación. Así, por ejemplo, Rodríguez Zapatero propuso sanciones para aquellos países que no trabajaran lo suficiente en favor del crecimiento económico y la competitividad. La protesta de Alemania fue inmediata e hizo que muchos españoles pasáramos auténtico bochorno al ver a Angela Merkel abroncando a Zapatero y recordando que España, con su profunda recesión y uno de los niveles de desempleo más altos de la UE (casi el 20 por ciento), no era precisamente el país más adecuado para plantear la cuestión. El objetivo de la Presidencia española era liderar la salida de la crisis, aunque si algo ha liderado nuestro país en estos últimos meses ha sido precisamente la destrucción de empleo y la mala gestión económica.
Para un Zapatero que sin duda pretendía rentabilizar los seis meses en términos de imagen, el golpe más duro debió ser el plantón de Obama. La cumbre UE-Estados Unidos prometía ser una oportunidad de oro para impulsar la popularidad en declive del jefe del Ejecutivo español. El tan esperado “acontecimiento histórico planetario” vaticinado por la impagable aunque muy bien retribuida Leire Pajín se convirtió en la “decepción estelar” de un presidente que, desde entonces, ya no levanta cabeza. Descompuesto y sin “novia” se quedó Zapatero.
Y es que, si por algo se ha caracterizado el semestre de Zapatero, es por la mediocridad de un mandato gris, deslucido, marcado por la situación crítica de la economía española, donde el incontrolable déficit público y el creciente desempleo han dañado seriamente la credibilidad del presidente de turno. Rodríguez Zapatero ha sido un presidente anodino, ausente en las decisiones importantes que, durante este semestre, se han tomado en Europa.
Pero si Zapatero comenzó con mal pie, ha terminado sin pena ni gloria. Seis meses después, el supuesto salvavidas se ha convertido en un pesado lastre que nos ha costado a los españoles medio millón de euros diarios. Menos mal que el fiasco europeo sólo ha durado 180 días. Lo dicho: muy caro, pero sin pena ni gloria.
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